De manera corriente usamos redes sociales, navegamos por internet, adquirimos bienes a través del comercio electrónico, usamos correo electrónico. En cada una de estas interacciones dejamos rastros, datos personales que deben ser cuidados.

Estos datos pueden ser nuestra dirección de correo, información bancaria, ubicación, posesiones, documentos y archivos digitales, entre otros.

Si estos datos pasan a manos de personas y organizaciones incorrectas, nuestras finanzas, seguridad, reputación se pueden ver en peligro.

Protección de datos personales

Una parte importante de nuestra vida discurre en el ámbito digital, por eso nos hemos visto en la necesidad de entregar datos nuestros a organizaciones públicas y privadas para tener acceso a productos y servicios.

Ahora bien, ¿qué hacen ellas con esos datos? ¿Los usan para lo que les hemos encomendado? ¿Los protegen lo suficiente como para evitar que un tercero tenga acceso a ellos?

Las grandes empresas han sido víctima de ataques cibernéticos y filtración de datos. Por ejemplo, la cadena hotelera Starwood reconoció en 2018 que hubo una filtración de información de aproximadamente 500 millones de huéspedes y clientes.

Esta falla expuso datos como números de tarjetas de crédito, pasaportes y teléfonos.

Ante escenarios como estos, es lógico que nos preguntemos cómo podemos controlar nuestros datos.

Paulatinamente, han surgido legislaciones para que las personas tengan más control y las organizaciones más responsabilidad en el manejo de los datos de terceros.

Una muestra de ella es el Reglamento General de Protección de Datos, la legislación que cubre a los países de la Unión Europea. Esta ley permite, desde 2018, a los ciudadanos gozar de ventajas como:

 

  • Exigir a las organizaciones información sobre la utilización que le darán a los datos personales de asociados o clientes.
  • Solicitar a las organizaciones copias de sus datos, así como la eventual eliminación de los mismos de la base de datos de la organización, también conocido como “derecho al olvido”
  • Rectificar los datos personales.
  • Portabilidad de la información, lo que se traduce en la posibilidad de ordenar a una organización que traspase sus datos, de forma segura, a otra organización.
  • Reclamar el uso indebido de los datos por parte de alguna organización.

Adicional a esto, se comienza a reconocer la importancia de reglamentar esta materia de una manera global. En ese sentido, representantes de Microsoft han reconocido recientemente que la protección de datos personales en poder  de terceros debería ser un derecho humano.

Responsabilidades personales

Ahora bien, la protección de los datos no reside solamente en manos de otros. Cada persona puede tomar medidas para minimizar los riesgos de que su información se filtre, sea extraída fraudulentamente o sea hackeada.

A continuación te presentamos una infografía que te puede ayudar a dar pasos en ese sentido.

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La protección de datos en República Dominicana

La República Dominicana, por su parte, goza de la ley 172-13, la cual está orientada a la protección integral de datos personales.

Esta legislación busca que los ciudadanos mantengan el control sobre sus datos personales, que las organizaciones, públicas o privadas, requieran de su consentimiento para captar, almacenar y utilizar sus datos.

Asimismo, estas organizaciones tienen el deber de no divulgar los datos sin el consentimiento de la personas.

El ordenamiento jurídico también provee a los ciudadanos de mecanismos para hacer frente a eventuales faltas en esta materia.

Si una persona ha sido víctima de negligencia en el manejo de sus datos, puede hacer una reclamación ante quien maneja la base de datos. Este tiene un plazo de diez días para responder.

En caso de no recibir respuesta o que ésta sea insatisfactoria, se puede ejercer una acción judicial.

Es recomendable que compartas esta información con tus familiares y cercanos, en especial con aquellos menores de edad, para evitar que estén propensos al robo, sustracción y manipulación de sus datos personales en el ámbito digital.