No son muchas, pertenecen a un grupo selecto, pero ellas quieren ampliar ese círculo. Dejar su huella en la industria e inspirar a más niñas y mujeres. Estos son los retos planteados para las mujeres que están conduciendo empresas tecnológicas.

En términos globales, se calcula que las mujeres solo ocupan 24% de los altos cargos de las empresas, así lo revela el estudio de la firma consultora Grant Thornton. En América Latina se calcula que la proporción es de 30%.

Es una pequeña proporción todavía. Pero las mujeres empresarias que desempeñan cargos de mando en la industria tecnológica están trabajando arduamente, no solo para tener un buen desempeño, sino también para inspirar a mujeres y niñas.

Susan Wojcicki

Ella es la actual directora ejecutiva de Youtube. Llegó a esta posición por sus talentos, entre ellos su olfato para los buenos negocios.

Quien tenga dudas que consulte con Larry Page y Sergey Brin, los creadores de Google. Fue Wojcicki quien les rentó su garaje cuando ellos apenas eran unos universitarios entusiastas.

Resultó que en ese garaje, los chicos desarrollaron el embrión de lo que hoy es el buscador Google. Poco después, Wojcicki se incorporó a la empresa de sus inquilinos. Fue la primera mujer en integrarse a la flamante compañía.

Ella demostró, nuevamente, su olfato para los negocios. Se convirtió en la gurú del departamento de marketing. Ayudó a desarrollar AdSense y Adwords, dos innovadores métodos publicitarios que han aportado millones en ganancias para Google.

En 2006, cuando Youtube tenía un año de existencia, les recomendó a los dueños de Google que compraran  la plataforma de video. Así lo hicieron, la compraron por US$1,650 millones. Los cálculos más conservadores valúan la empresa actualmente en US$75,000 millones. Ella pasó a ocupar el cargo de directora ejecutiva.

Angela Benton

Su historia personal es un ejemplo de superación. Cuando tenía 16 años de edad quedó embarazada. Decidió, entonces, que haría todos los esfuerzos necesarios para tener acceso a  una mejor vida profesional y personal, para ella y para su hija. Y lo hizo.

Se esforzó en culminar la secundaria rápidamente. Inmediatamente después estudió en la universidad, de la que egresó magna cum laude.

Sus nuevas destrezas le permitieron destacar en el diseño y en la programación en el mundo digital. Así fue como creó la página Black Web 2.0, un medio en línea que destacaba los emprendimientos digitales surgidos en el seno de la comunidad negra en Estados Unidos.

Posteriormente, creó NewMe Accelerator, una incubadora para startups cuyos creadores pertenecen a minorías étnicas dentro de Estados Unidos. A la fecha, su empresa ha recabado 47 millones de dólares para acompañar a estos emprendedores.

Paola Santana

Esta abogada dominicana, junto a otros emprendedores, creó la empresa tecnológica, denominada Matternet.

Mientras cursaba estudios de postgrado en Estados Unidos, relacionados con la política y la administración pública, se dio cuenta de que quería desarrollarse en otro ámbito.

Con la ayuda de fondos de capital de riesgo desarrolló su idea, desde Singularity University en Silicon Valley. La empresa comenzó a enfocándose en el desarrollo y la utilización de drones para el transporte de medicamentos y otros insumos a comunidades apartadas en las que medios normales tenían dificultades para acceder.

La iniciativa ha abierto operaciones en varios países, incluyendo República Dominicana. Este es un logro que ha conseguido tras vencer varios obstáculos, entre ellos los prejuicios que la tipificaban como “una intrusa” en el área, ya que venía de una formación en leyes.

Santana actualmente está desarrollando un nuevo proyecto denominado Social Glass, para revolucionar la forma en que se trabajan procesos a lo interno de las agencias de gobierno, utilizando Inteligencia Artificial, para digitalizar, racionalizar y escalar la toma de decisiones, así como facilitar servicios públicos de alta calidad accesibles para toda la ciudadanía.

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Mujeres empresarias en la región

En América Latina y el Caribe hay que seguir haciendo más esfuerzos para incorporar a las niñas y a las mujeres en el campo de la tecnología.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) presentó en abril de 2018 un estudio exploratorio sobre las mujeres y el mundo de las Tecnología de Información y la Comunicación. Los hallazgos de sus autores López-Bassols, Grazzi, Guillard y Salazar, deben llamar nuestra atención.    

  • Las mujeres que cursan carreras científicas (en especial ligadas a Estadísticas, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) siguen siendo minoría con respecto a los hombres.
  • Muchas de las que se gradúan en estas carreras no ejercen posteriormente en el campo de la tecnología y la ciencia.
  • Hay muy pocas mujeres desarrollando investigaciones en el ámbito empresarial.

El BID advierte sobre un fenómeno que es particularmente importante para el tema que nos ocupa:

“En muchas instancias de sus trayectorias profesionales las mujeres no logran alcanzar los puestos de jerarquía (techo de cristal) y esto ocurre tanto en el ámbito académico, como en las empresas y otras esferas de los sistemas nacionales de CTI (ciencia, tecnología e innovación”.

Inspirar a las niñas

El ejemplo de la dominicana Paola Santana es muy importante. Ella ha demostrado que, cuando hay voluntad, se pueden emprender nuevos retos. Asimismo, que es posible aprender nuevas materias, que vale la pena trabajar mucho en pos de una meta.

Hoy es posible inspirar a las niñas para que se interesen en la tecnología. Enseñar nociones de programación, por ejemplo, puede ser un paso para despertar su curiosidad.

El programa Scratch ayuda en este sentido, pues está dirigido a que niñas y niños aprendan sobre el funcionamiento del lenguaje de programación, tan indispensable para el futuro próximo.

Este programa, por cierto, así como otros similares, ya se están implementando en decenas de escuelas públicas dominicanas, acompañadas de kits de robótica.

Es importante buscar caminos para que las niñas se incorporen lo más pronto posible al mundo de la ciencia y la tecnología. Esto tendrá una repercusión favorable en su desempeño académico y laboral.