Progresivamente los objetos que nos rodean están siendo dotados de la posibilidad de enviar y transmitir datos. Pronto será común “preguntarle” a la nevera qué nos hace falta mientras estamos haciendo la compra… mientras tengamos que ir al supermercado.

Eso no es más que el denominado internet de las cosas, una tendencia tecnológica que cada vez toma más fuerza. Y América Latina, como veremos más adelante, no escapará de esta nueva práctica.

¿Qué es lo que busca? Poder automatizar tareas es uno de sus grandes propósitos, tener los objetos de nuestra cotidianidad interconectados, sin estar frente a ellos.

Los beneficios sociales

Mientras soñamos con ese día en que ya no haya que hacer la cama, sino aplaudir, con lo cual la cama entenderá que deberá tenderse sola, seamos un poco menos egoístas y pensemos en los usos sociales de esta tecnología.

Por ejemplo, en el área de la salud, sería posible establecer una red de sensores con los cuales controlar, a distancia y segundo a segundo, los síntomas y comportamiento de los pacientes. De esta forma se podrían evitar complicaciones en pacientes con enfermedades crónicas.

Hablamos de que los vehículos, los semáforos y las edificaciones podrán enviar información constante sobre el uso que hacen los ciudadanos de ellos.

Con toda esta información es mucho más productivo organizar una ciudad. Sin ir muy lejos establecer cuáles son los mejores lugares que sirvan de refugios en caso de una contingencia.

En América Latina

La región, si bien tiene que poner orden en ciertos aspectos, es de las zonas geográficas que, al menos eso se prevé, se sume de manera más entusiasta a esta corriente.

Prestemos atención al siguiente dato del informe Disrupción exponencial en la economía digital, realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 2018:

“Se espera que América Latina alcance el mayor crecimiento mundial en el gasto general del IoT (internet de las cosas) entre todas las regiones geográficas, con un CAGR (tasa de crecimiento anual compuesto) de cinco años de aproximadamente 28.3%”.

Y es que hay ventajas que permiten conectar cada vez más dispositivos, a saber:

  • La creciente penetración del internet de banda ancha.
  • Reducción en los costos de conexión y expansión de redes Wi-Fi.
  • La posibilidad de que la región también incorpore redes Li-Fi (transmisión de datos a través de luces LED).

Ahora bien, el mismo BID advierte en su informe que la velocidad de adopción del internet de las cosas dependerá de la “disponibilidad de plataformas de infraestructura adecuadas, así como del desarrollo de marcos legales y normativos adecuados”