Los próximos entornos industriales combinarán los desarrollos digitales, los físicos (nuevos materiales) y biológicos (biotecnología). Esta es la cuarta revolución industrial, supondrá una transformación importante en la fabricación de los productos, en nuestra rutina diaria, más aún en nuestros empleos.

Ahora las fábricas trabajarán con maquinaria inteligente que generará productos igualmente inteligentes. Esto significa una automatización sin precedentes en el ámbito industrial. Su control ameritará poca mano de obra humana, mientras que su supervisión se podrá hacer de manera remota y virtual.  

Entre las tecnologías que tendrán un uso destacado se cuentan:

  • Inteligencia artificial
  • Internet de las cosas
  • Big data
  • Realidad virtual
  • Impresiones 3D
  • Vehículos autónomos
  • Nanotecnología
  • Energías renovables
  • Computación cuántica

Estos cambios ya están ocurriendo, sin ir muy lejos, Alemania lleva adelante un plan denominado Industria 4.0, este contempla, entre otros factores, acelerar los avances en el área de la movilidad y de las industrias inteligentes.

Un mundo de oportunidades

Todo esto supone el aprovechamiento de muchos conocimientos, adelantos tecnológicos y experimentaciones.

De ellos se beneficiarán áreas como la salud, la educación, el transporte y la economía, potencializando escenarios para mejorar la calidad de vida de millones de personas.

Por ejemplo, Japón se propone sacar partido de los beneficios de la cuarta revolución industrial en tres prioridades: movilidad autónoma, medicina de precisión y política de datos.

Por una parte, están haciendo experimentos en transporte sin intervención humana al volante, con esto se pretende mejorar el traslado de asistencia y productos a zonas rurales, las cuales se están despoblando.

Mientras que en el sistema de salud japonés tiene muchísimos datos almacenados, pero un manejo más eficiente podría mejorar la producción de medicamentos, así como los protocolos para el tratamiento del cáncer.

 

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La cuarta revolución industrial y el trabajo

El optimismo, no obstante, no prevalece en todos los ámbitos. Cuando se examina el tema del trabajo, se advierten algunas consecuencias que representan algunos retos.

La consultora McKinsey calcula que al menos un 30% de las tareas podrán automatizarse en el 60% de las ocupaciones. Es decir, nos enfrentamos a la necesidad de cambiar el enfoque productivo como lo entendíamos al día de hoy.

En el caso de América Latina y el Caribe, “los empleos que requieren mano de obra no calificada y manual están siendo reemplazados a gran velocidad por la automatización”, como indica un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo.

Desarrollo con oportunidad

Los analistas de la cuarta revolución industrial resaltan que se debe hacer frente a sus retos, en especial cuando se trata del empleo.

Es necesario formar a los ciudadanos y darles un acompañamiento, desde los sectores públicos y privados, tal como indica la economista Carmen Pagés, especialista en temas de empleo en la región:

  1. Impulsar el aprendizaje más allá de la escuela y orientarlo a las oportunidades que brinda la tecnología.
  2. Apoyar las transiciones de los trabajadores entre empleos que serán cada vez más frecuentes.
  3. Adaptar los sistemas de seguridad social para que amparen a una fuerza laboral que recurrirá cada vez más al autoempleo.

Estados y ciudadanos deben preocuparse en adelante por la prevalencia de una educación diferente en la región, donde el aprendizaje no sea una repetición vacía, sino la consecuencia de una curiosidad constante por descubrir soluciones, con apoyo de la tecnología, a nuestros problemas más apremiantes.